Resguardo Seynimin

Sierra Nevada de Santa Marta
Magdalena

Jóvenes del pueblo Arhuaco, quienes recibieron el nombre de Kunsu Bonuriwun, recolectaron con grabadora en mano la sabiduría de los mayores de su comunidad. Este legado de resistencia pacífica es un HECHO DE PAZ. 

“De la Sierra Nevada siempre se ha dicho que es el corazón del mundo. Pero, más que eso, es un banco de oxígeno, de agua. Es una estrella hídrica que tenemos que cuidar para que la humanidad pueda seguir disfrutando, para que siga existiendo para las futuras generaciones”. Así describe Arukingumu Torres a la Sierra Nevada de Santa Marta, un sistema montañoso que va desde el nivel del mar hasta las nieves perpetuas y que surte de agua a los departamentos de Cesar, Magdalena y La Guajira, en el norte del país. 

Arukingumu es uno de los líderes del pueblo indígena arhuaco, una de las etnias que históricamente han habitado la Sierra y que la consideran un lugar sagrado. Por eso, durante décadas la han protegido de la presencia de actores armados, interesados en establecerse allí y utilizarla como zona de retaguardia y siembra de cultivos ilícitos. 

Desde la década de 1980, las guerrillas de las FARC y el ELN llegaron a la Sierra, victimizando al pueblo indígena con robos, amenazas, homicidios y reclutamientos forzados. La situación de violaciones a los derechos humanos se agravó finalizando la década de 1990, cuando el Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) decidió controlar el territorio, cometiendo secuestros, asesinatos, torturas, amenazas, hurtos, despojos de tierras, desplazamientos forzados y confinamientos. 

En el 2004, un año después de que las AUC anunciaron un cese de hostilidades y alto al fuego a nivel nacional, el personal regional de la MAPP/OEA comenzó a construir puentes  de confianza con la comunidad arhuaca, tras los buenos oficios que permitieron la liberación de uno de sus miembros secuestrados por las AUC. Gracias a esto fue posible un mayor acercamiento con los pueblos de la Sierra, donde las autodefensas habían establecido un férreo control territorial que incluía restricciones a la movilidad, así como limitaciones al transporte de alimentos, herramientas y medicinas. 

En medio de este relacionamiento, la Misión y las autoridades arhuacas acordaron llevar a cabo el proyecto “Recuperación de la memoria histórica de la resistencia pacífica del pueblo Arhuaco”, con el fin de rescatar las formas como los indígenas habían luchado contra la violencia y formado nuevos liderazgos al interior de las comunidades. 

Para ello, las partes acordaron en el 2007 desarrollar un proceso de investigación sobre conflicto armado, territorio, educación, justicia, salud, gobierno interno y conocimientos propios. Además, definieron que el proyecto sería dirigido y ejecutado por las mismas comunidades de las zonas oriental y media occidental de la Sierra. 

Posteriormente, las autoridades indígenas seleccionaron a los dieciocho jóvenes que participarían en las tareas de investigación y formación, quienes recibieron el nombre de Kunsu Bonuriwun. Fueron ellos quienes recorrieron las comunidades recolectando testimonios en sus grabadoras y diarios de campo, que fueron objeto de guía, reflexión y análisis por parte de los sabios de la comunidad, con el acompañamiento técnico y financiero de la MAPP/OEA, y la asesoría de un antropólogo, una traductora, una pedagoga y un jurista. 

En la comunidad de Seynimin, al calor del fuego, se llevaron a cabo múltiples encuentros en los que la comunidad y los acompañantes abordaron los distintos temas propuestos. Leonor Zalabata, una de las lideresas de la comunidad, explica al respecto: “Lo que se pensó es que, en esta formación de nueva gente, se conociera cómo se ha desarrollado la historia de la lucha del pueblo Arhuaco, pero no desde el punto de vista de un investigador o de alguna institución, sino que queríamos información investigada, con los mayores de las comunidades”. 

El testimonio de estas comunidades permitió reconstruir y contar la memoria histórica desde “adentro”, en un ejercicio pionero, con enfoque reparador, que fue ejemplo para otras comunidades y organizaciones de víctimas. La comunidad y la MAPP/OEA plasmaron el resultado de este trabajo en dos productos: la publicación La memoria como forma cultural de resistencia de los arhuacos y el documental Tejiendo memoria, en los que quedaron documentados algunos de los graves hechos de violencia que sufrieron los indígenas antes y durante el conflicto armado, así como las estrategias que desarrollaron para resistir pacíficamente. 

Entre ellas se encuentra la expulsión del territorio en 1983 de una misión capuchina que había sido contratada por el Gobierno nacional a comienzos del siglo XX para que impartiera educación formal a los arhuacos, lo cual afectó gravemente sus prácticas tradicionales. El proceso también permitió rescatar los múltiples episodios en que grupos de adultos y niños ubicaron unidades guerrilleras para exigirles que abandonaran la Sierra, cesaran la violencia contra miembros de la comunidad y dejaran de utilizar elementos propios de la cultura Arhuaca, como el poporo, la coca y el tabaco. 

Frente a la época del control paramilitar, la investigación permitió identificar varios crímenes, entre ellos uno de especial significación para la comunidad: el asesinato del líder Julián Crespo, a quienes hombres de las AUC, interrogaron torturaron y desmembraron, para posteriormente practicar antropofagia. 

Por estos hechos, durante los cuales también fue asesinado el joven Dirwsingumu Arroyo, la comunidad decidió que era imperioso buscar justicia, por lo que acudió a las autoridades del Estado colombiano y consiguió que se exhumaran los cuerpos. En varias oportunidades, los arhuacos también emprendieron acciones para rescatar pacíficamente a personas secuestradas por las AUC. 

Por eso, para Arukingumu Torres, uno de los mensajes clave del proyecto es que “todos los problemas deben resolverse en el marco del respeto a las diferencias y de los acuerdos alcanzados de manera conjunta. El camino del entendimiento siempre debe ser el diálogo”. 

Gracias a este proyecto, la recuperación de la memoria permitió fortalecer a la comunidad por medio del rescate de su identidad, así como la transmisión de conocimientos ancestrales a jóvenes, varios de los cuales se convirtieron años después en líderes y lideresas de la comunidad y en guardianes de la Sierra Nevada de Santa Marta.