EL PAÍS (Cali): “La desmovilización de actores armados no garantiza la paz”

Desde hace más de una década la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia (MAPP-OEA ) trabaja en los territorios más afectados por el conflicto armado, donde ha recogido y visibilizado sus necesidades ante instituciones gubernamentales.

También hace el acompañamiento de comunidades para apoyar el diálogo, la participación y procesos de restitución de tierras y reparación de víctimas del conflicto.

Al frente de la Misión de la MAPP-OEA en Colombia está Roberto Menéndez, quien habla de los alcances de las labores que realizan en el Valle del Cauca, el Pacífico y otras regiones de Colombia.

¿Cuál es el aporte de la MAPP-OEA en el proceso de paz? ¿Qué labores realizan en las regiones?

Desde 2004, por solicitud del Gobierno colombiano, la MAPP-OEA ha acompañado de manera ininterrumpida los esfuerzos de construcción de paz. Nuestro aporte fundamental ha sido estar de forma permanente y solidaria con las comunidades en los territorios más afectados por el conflicto en los últimos 13 años, recogiendo de manera amplia y plural las percepciones de las poblaciones, visibilizando y trasladando sus demandas a más de 20 instituciones y entregando recomendaciones al Estado a nivel local, regional y nacional. Como organismo internacional también hemos logrado un efecto disuasivo con los violentos en contextos de conflicto.

¿Qué los motivó a abrir una oficina en el Valle del Cauca y qué trabajo desarrollarán en esta región?

Con la nueva oficina de la Misión en Cali queremos potenciar el trabajo que hemos venido haciendo desde nuestras oficinas en Pasto, Tumaco, Popayán y Quibdó. Las acciones que desarrollaremos en el Valle del Cauca tienen relación directa con nuestro mandato, que se centra en el monitoreo de las dinámicas territoriales que generan riesgos y amenazas para la paz, y en el acompañamiento a las víctimas y las comunidades para apoyar el diálogo, la participación y los procesos de restitución de tierras y reparación de víctimas, entre otros.

Buscamos fortalecer el trabajo de monitoreo a las dinámicas del Pacífico, específicamente en Buenaventura. Allí hemos encontrado fenómenos complejos de violencia, criminalidad y conflictividades sociales que deben ser atendidas cuanto antes por el Gobierno.

También buscamos favorecer espacios de diálogo sobre dinámicas humanitarias y participación social para contribuir a la Mesa Pública de Conversaciones entre el Gobierno y el ELN. Esto en el marco del convenio que suscribimos con la Arquidiócesis de Cali, con el apoyo de Suecia.

¿Cómo ve el fenómeno de disidentes en las Farc y el ingreso a bandas criminales?

El riesgo de que los llamados disidentes de las Farc terminen en bandas criminales siempre estará latente, pues en muchas de las zonas de las que salió esta guerrilla se siguen identificando contextos de ilegalidad vinculados netamente al control de economías ilegales. En este sentido, es posible que a mediano o largo plazo dichas disidencias terminen convertidas en bandas criminales o en oferta criminal disponible para delinquir al mejor postor.

El gran temor de las Farc es que los asesinen, de hecho ya ha ocurrido con excombatientes. ¿Qué se puede hacer para evitar eso?

Esta es una situación lamentable y preocupante que la Misión ha venido monitoreando con la mayor atención. Sin embargo, en este tipo de procesos es común que cuando una fuerza beligerante se desmoviliza después de tantos años de confrontación exista toda una serie de factores de riesgo que pueden tener varios autores y motivaciones, como venganzas, represalias o estigmatizaciones.

Lo ideal es que los miembros de las Farc puedan desarrollar su proceso de reincorporación a la vida civil con el máximo de garantías de seguridad y sin preocupaciones de que puedan ser asesinados, amenazados o intimidados. El Gobierno deberá propender para que los lugares de reincorporación colectiva o individual sean concebidos como entornos seguros donde, en lo posible, no existan tentaciones o distractores que acerquen a los desmovilizados nuevamente a la ilegalidad.

Cada vez es más evidente que uno de los mayores retos de la reincorporación de las Farc se relaciona con la marcada estigmatización y afectaciones de las que también están siendo víctimas sus familiares, allegados y antiguos colaboradores. Las garantías de seguridad deben extenderse a ellos, e incluso a funcionarios que participen del proceso.

Si bien es cierto que se firmó la paz con las Farc, que se está implementando, también es cierto que esa paz no se siente en regiones apartadas del Valle y el Pacífico. ¿Qué hacer frente a eso?

En efecto, la experiencia en este y otros procesos evidencia que la desmovilización de actores armados no garantiza la paz. Si bien es cierto que el cese al fuego y la dejación de armas por parte de las Farc ha traído transformaciones positivas, observamos con preocupación que en algunos territorios aún parecen mantenerse las dinámicas violentas.

Este es el caso del andén Pacífico, que durante el último año ha sido escenario de disputas de grupos armados ilegales y donde el riesgo de la población es alto debido a condiciones de aislamiento, a contextos de ilegalidad marcados por el narcotráfico y minería ilegal, y al limitado control del Estado.

Colombia y el Pacífico deben seguir transitando un largo camino que, sin ninguna duda, requiere un mayor y más cercano compromiso del Estado. Este acercamiento debe ser integral, no solo mejorando las condiciones de seguridad y justicia, sino la vida de las comunidades a través de planes de desarrollo, productividad y solución de necesidades básicas insatisfechas, como salud, educación y vías. Esto también implica desincentivar los contextos de ilegalidad a los cuales están aferrados o forzados grandes núcleos poblacionales, como campesinos cocaleros o mineros.

¿Qué opinión le merece la situación de los líderes sociales y defensores de derechos humanos en el país?

La situación de seguridad de los líderes sociales y defensores de derechos humanos en el país es compleja. Es motivo de alarma que los liderazgos que están visibilizando las afectaciones de sus comunidades y que propenden por la reclamación de derechos, tanto de necesidades básicas insatisfechas como en el marco del proceso de paz, sean de los más afectados a través de homicidios, amenazas y estigmatización.

Valoramos los esfuerzos del Gobierno para desmovilizar grupos armados ilegales y combatir estructuras criminales, pues ha generado cambios palpables en materia de derechos humanos. No obstante, y como parte de la Comisión Nacional de Garantía de Seguridad, hemos instado al Gobierno a reforzar medidas efectivas y coordinadas de prevención, protección, seguridad e investigación, que se adapten a territorios rurales y a las necesidades de los líderes comunales, étnicos, campesinos y sociales.

¿Cómo analiza la situación frente a la los cultivos ilícitos? ¿Es suficiente la sustitución que ustedes han venido acompañando para facilitar acuerdos en las regiones?

En regiones como Putumayo, Cauca, Nariño y Bolívar, la Misión ha venido acompañando algunas socializaciones del Plan Nacional de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS), con el fin de incentivar la participación y formulación de propuestas por parte de las comunidades, cuyos aportes deben ser tenidos en cuenta para el éxito del proceso.

Los esfuerzos que Colombia viene adelantando permiten dar pasos importantes hacia la solución del problema de las drogas. Pero dada la complejidad del fenómeno, su abordaje debe ser integral, articulando por ejemplo la sustitución con los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, involucrando a todo el Estado y atendiendo las dinámicas de los territorios.

Es fundamental que el Estado siga afinando las estrategias para apuntar los eslabones más gruesos de la cadena, como los cristalizaderos, grupos narcotraficantes y estructuras de lavado de activos, que es donde finalmente se concentran los grandes recursos de esa economía.

¿Cuál es el panorama que ustedes tienen de las bandas criminales?

Aunque la MAPP-OEA reconoce un esfuerzo consistente y metódico de parte del Estado desde 2006 para desarticular estas estructuras, el fenómeno sigue existiendo en varias regiones y afectando a diversos sectores de la población. De hecho, la Misión ha identificado a estos grupos como uno de los victimarios o fuente de afectación de los líderes sociales y defensores de derechos humanos.

El panorama de las bandas criminales debe entenderse de acuerdo al contexto particular de cada región donde delinquen. Aún así, hemos identificado que estos grupos están cada vez más fragmentados y desarrollan diferentes modus operandi.

De acuerdo con lo anterior, ¿cómo están operando esas estructuras?

El Gobierno reconoce tres estructuras principales: Clan del Golfo, Puntilleros, Pelusos o EPL; aunque en varias regiones existen grupos delincuenciales menores que ofertan servicios criminales en función de una retribución económica. Algunas bandas criminales conservan capacidad de desafiar a las autoridades, como aquellos que desarrollaron el ‘plan pistola’ contra la Policía en el norte del país. Otras facciones han desarrollado capacidad de enfrentar a otros actores ilegales, como el Clan del Golfo en el Chocó y el Bajo Cauca antioqueño, donde se enfrentan al ELN por el control geoestratégico del territorio para las economías ilícitas. Otros grupos prestan seguridad a sus jefes, como el Clan del Golfo en el Darién chocoano y el Urabá antioqueño.

Aunque algunas de estas expresiones son locales como los llamados ‘Puntilleros’ en el Meta y Vichada, y los ‘Pelusos’ (EPL) en Catatumbo, Norte de Santander, también hemos identificado que el Clan del Golfo y los ‘Pelusos’ han intentado expandir su presencia a otras zonas del país.
En el sur de la costa Pacífica, específicamente en Valle, Cauca y Nariño, también se percibe una reconfiguración territorial, no solo de bandas criminales, sino de todos los actores ilegales disponibles con posibilidades de efectuar alianzas para fortalecer sus estructuras o facilitar la emergencia de nuevos grupos.

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Con la apertura de nueva oficina en Cali, MAPP/OEA refuerza aporte a la construcción de paz

Desde el pasado mes de agosto, la Misión de la OEA en Colombia cuenta con un nueva oficina regional que le permitirá atender de forma más cercana las dinámicas del Valle del Cauca, así como potenciar el trabajo que viene desarrollando en el andén Pacífico a través de sus oficinas en Tumaco, Pasto, Popayán y Quibdó.

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EL TIEMPO: La paz también se escribe a pulso de mujer

– ¿Quién soy yo? Van a tratar de pensar en una palabra que represente esa frase. Si digo que yo soy principalmente alegre voy a adquirir una posición corporal que represente la alegría y voy a empezar a mover mi cuerpo, según lo que la música me transmita. Muevan su cuerpo muy lentamente con el sonido de la música. Que cada cuerpo obtenga un movimiento…

La escena ocurre en el salón de una casa antigua, con aroma de mujer. Es la Casa de la Ruta Pacífica de las Mujeres, en una esquina del centro de Cali. Ahí están ellas, diez mujeres con historias distintas, pero con algo en común: las cicatrices de un conflicto que poco a poco van sanando, aprendiendo a leerse a sí mismas, tratando de reencontrar esas cosas que se refundieron entre los afanes y los miedos, pero que ahora vuelven aflorar.

Algunas están de pie. Otras prefieren permanecer sentadas y unas más están acostadas. La música suave ambienta el ejercicio y una fragancia de aceites las lleva al relajamiento. A los costados, rodeando el salón o en el centro del mismo, ellas buscan esa expresión con la que quieren definirse, mientras la voz de la psicóloga sigue orientando el ejercicio…

– Mi cuerpo es un vehículo de amor, de perfección pura. Mi única realidad es el amor, la energía vital de plenitud que fluye por todo mi ser. No tengo barreras para reconciliarme conmigo misma, porque el dolor y la falta de amor son ilusiones de la mente. La realidad es aquí y ahora, con esa energía plena que fluye de la cabeza a los pies. Y le quiero gritar al mundo que camino hacia la paz y la paz es una realidad.

Autorreconocimiento: así se llama esta primera etapa del proyecto Video Reconciliación, una iniciativa de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz (MAPP- OEA), de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), de la Unidad de Víctimas, la Secretaría de Paz de la Alcaldía de Cali y la Ruta Pacífica de las Mujeres. Un aporte a la reconciliación entre mujeres desmovilizadas, mujeres víctimas y mujeres residentes en zonas vulnerables, 30 en total, con el fin de fortalecerlas como sujetos políticos que aporten a escenarios de paz.

La iniciativa comenzó en febrero y tiene un año de duración. Actualmente se encuentran en la etapa de sensibilización, con el autorreconocimiento de sus participantes, además de los encuentros de integración entre los distintos grupos. A mitad de año pasarán al módulo de construcción de paz y más adelante aprenderán a manejar equipos de grabación, técnicas de entrevista y desempeño visual para ser ellas mismas quienes produzcan dos documentales como parte del proceso.

Adicionalmente, el producto final será un documental de una extensión máxima de 30 minutos, realizado por Sylvia Mejía, directora y creadora de la metodología de Video Transformación, en la que se inspira el proyecto, además de una gran reflexión final que reúna las vivencias y lo aprendido, más allá de lo técnico.

Según los creadores del proyecto, Video Transformación es una metodología que reconoce que el crecimiento personal puede tener lugar a través de la observación y la reflexión sobre uno mismo (la imagen propia, la apariencia, el discurso, los gestos, el comportamiento, entre otros), y en consecuencia se nutre de las características más importantes del video: la posibilidad de retroalimentación inmediata.

Paola Andrea Gómez P.

Luego les reparte un pedazo de cartulina y arcilla, para que cada una moldee algo que sintetice tres preguntas: ¿quién soy yo?, ¿qué quiero transfomar? y ¿qué quiero reconciliar?

Foto: Paola Andrea Gómez P.
Auto reconocimiento. Así se llama esta primera etapa del proyecto Video Reconciliación.

La escena ocurre en el salón de una casa antigua, con aroma de mujer; es la Casa de la Ruta Pacífica de las Mujer.

Foto: Paola Andrea Gómez P.
Al final, parecen haberse quitado muchos ladrillos de encima. Sus dibujos, sus transformaciones, forman un círculo en medio del salón y se enciende una vela para cerrar la jornada.

Al final, parecen haberse quitado muchos ladrillos de encima. Sus dibujos, sus transformaciones, forman un círculo en medio del salón y se enciende una vela para cerrar la jornada.

Foto: Paola Andrea Gómez P.
Paola Andrea Gómez P.

Luego les reparte un pedazo de cartulina y arcilla, para que cada una moldee algo que sintetice tres preguntas: ¿quién soy yo?, ¿qué quiero transfomar? y ¿qué quiero reconciliar?

Foto: Paola Andrea Gómez P.
Auto reconocimiento. Así se llama esta primera etapa del proyecto Video Reconciliación.

La escena ocurre en el salón de una casa antigua, con aroma de mujer; es la Casa de la Ruta Pacífica de las Mujer.

Foto: Paola Andrea Gómez P.

Fabiola Perdomo, directora territorial de la Unidad de Víctimas del Valle del Cauca y viuda de Juan Carlos Narváez, uno de los diputados asesinados por las Farc en cautiverio, dice que con este proyecto “las mujeres, a partir de sus múltiples roles como esposas, viudas, madres, lideresas y ciudadanas se convierten desde la cotidianidad en reconstructoras del tejido social. En ciudades como Cali, que experimentaron de cerca el conflicto y hoy son ejes del posconflicto, mujeres que vivieron la guerra desde lados diferentes, hoy están compartiendo el territorio y tienen el desafío de la convivencia”.

A su turno, Roberto Menéndez, jefe de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la Organización de Estados Americanos, expresa: “Este proyecto contribuye al reconocimiento individual y colectivo, y al encuentro entre las mujeres que han sufrido, de distintas maneras, los impactos de la guerra. También facilita el empoderamiento para que ellas se conviertan en lideresas del cambio y los procesos de construcción de paz que requieren los más amplios compromisos. Esta iniciativa constituye un primer paso en el camino posible hacia la reconciliación, que no es fácil, pero que debe comenzar desde la cotidianidad y en los territorios más afectados por el conflicto, como es el suroccidente colombiano”.

¿Qué quiero transformar?

La tarde continúa en la antigua casona del centro de Cali. Las mujeres, las protagonistas de la historia, empiezan a hablar de cómo se sintieron en el ejercicio para definirse:

– Me reconocí. Me sorprendió encontrarme con la cicatriz de mi cesárea.
– Me daba miedo chocarme con alguien.
– A mí se me hizo fácil, hasta monté bicicleta.
– Hace muchos años que no hacía movimientos con mi cuerpo. Sentía que el cuerpo lo necesita, pero a mí me daba pena de pronto hacer movimientos que fueran vergonzosos. Es que uno se dedica mucho a otras personas, pero se olvida del cuerpo…

La psicóloga de la ACR interviene para explicarles un poco por qué es importante autorreconocerse, ser dueñas de sí. Luego les reparte un pedazo de cartulina y arcilla para que cada una moldee algo que sintetice tres preguntas: ¿quién soy yo?, ¿qué quiero transformar? y ¿qué quiero reconciliar? “Ese va a ser el símbolo que me va a recordar la transformación, la reconciliación”, concluye.

Pasados unos minutos, con sus dibujos cada una va concluyendo lo que plasmó:

– Hice una palma que ha soportado muchas tormentas. Y las raíces sobresalen porque están fuertes, a pesar de las dificultades. Y voy a estar firme venga lo que venga, para adelante.

– La mía es una mariposa, me siento identificada con ella. Estoy un poco en contradicción, soy fuerte pero sensible. La hice en movimiento porque ella va a alzar vuelo.

– Me siento feliz porque a uno le habrán podido quitar todo, pero la vida sigue, y mientras tenga vida y salud, lo tengo todo. Hice una palomita porque quiero volar, conocer. Y la casita que también quiero alcanzar a tener. A las plantas las quiero mucho porque ellas me dan vida.

– Esta soy yo, la mujer que me liberé. Muchas veces mojé las hojas de los cuadernos con lágrimas, pero ahora salgo a la calle sonriendo, feliz. Me liberé y este es el camino, ayudar a otras mujeres. Ahora puedo hablar sin llorar. Y he llegado a muchos rincones para decirles que caminemos juntas.

– Esta es la banda que tapó mis ojos y hoy la dejo atrás. Esta soy yo con un vestido bonito, de flores, como me gustan. A pesar de mis ataduras tengo que lograrlo, porque yo sí puedo.

– La mía es una mariposa que va volando y esta es una escalera en ascenso. Mi lema: insistir, persistir y nunca desistir. No me doy por vencida nunca. Siempre estoy pensando en ayudar a la gente. Y estas flores son para identificarlas a ustedes y a quienes quieren vivir en paz.

Al final, parecen haberse quitado muchos ladrillos de encima. Sus dibujos, sus transformaciones, forman un círculo en medio del salón y se enciende una vela para cerrar la jornada.

A muchas les cuesta aún reabrir sus páginas, hablar de sus paréntesis, verbalizar sus momentos más lúgubres, pero poco a poco van venciendo sus miedos y aprenden de eso que llaman empoderarse, que no es otra cosa que sentirse seguras, capaces de enfrentar lo que venga, estar orgullosas de su rol como mujer, sentirse iguales no inferiores, hablar de lo que creen, decir lo que piensan.

Pero quizás la mejor manera de definir lo vivido y lo que aquí se está construyendo es –como lo sintetiza una lideresa del oriente de Cali, oriunda del Pacífico y quien le apuesta a esta experiencia como un peldaño más en el camino de la reconciliación– con perspectiva de mujer:

– Hay muchas cosas qué aprender. Mucho camino aún por recorrer. Pero nos estamos reconociendo. Nos estamos empoderando. Y es así como quizás podamos curar las heridas y salir adelante. Es así como podemos ser mujeres líderes, de verdad, que se levantan y siguen, que aprendieron a hablar y que se reconocen como constructoras de paz.

Caminos por recorrer

La iniciativa de Video Reconciliación busca producir un cambio positivo en la percepción de las mujeres, los funcionarios y la comunidad involucrada en el proyecto, que posibilite un ambiente de reconciliación, genere un cambio positivo en la percepción de la ciudadanía respecto a la reconciliación y sistematice la experiencia (informe final y documental) para aportar a la construcción de modelo de trabajo enfocado hacia la reconciliación.

La cifra aproximada de beneficiarios indirectos, además de las 30 participantes, es de 295.803 personas, determinada de la siguiente manera: grupo familiar de las participantes (120 aproximadamente), comunidades en las que conviven las participantes (294.085), equipo técnico (20), grupo operativo instituciones locales (278), número de copias del documental repartidas (1000), asistentes al foro y estreno documental (300 aprox.).

Los efectos potenciales del mismo son:

– Que las mujeres tengan nuevos conocimientos sobre sí mismas.
– Proceso activo de toma de palabra.
– Empoderamiento y elevación de la autoestima.
– Posibilita desaprender discursos y romper esquemas mentales.
– Cuestiona actitudes autoritarias.
– Rompe silencios y aislamientos.
– Revela formas ocultas de rechazo hacia sí misma y hacia los demás.
– Descubre y realza talentos ocultos

El documental final será realizado por la directora y creadora de la metodología Video Transformación, llamada Sylvia Mejía, junto a un equipo de grabación. Pero las mujeres participantes tendrán oportunidad de hacer dos documentales (con proceso de rodaje y edición), como parte del ejercicio de aprendizaje que propone el proyecto. Son un plus, un regalo para que ellas mismas realicen todo el proceso que implica hacer un producto audiovisual y puedan, así mismo, empezar a realizar sus propios videos, replicando lo aprendido con sus comunidades.

El video será el reflejo de todo el proceso vivido por las participantes durante el proyecto. Estará enfocado en mostrar un aporte a la reconciliación entre mujeres que estuvieron en lados opuestos del conflicto y de mujeres que habitan los territorios más vulnerables de la ciudad y deben empezar a convivir juntas. La experiencia concluye en los primeros meses del próximo año.

Una vez terminados los productos (el informe final y el videodocumental), serán compartidos con autoridades locales y nacionales a cargo de reparación, reintegración y reconciliación: la Agencia Colombiana para la Reintegración, la Alcaldía de Cali, la Unidad para la Atención y Reparación a Víctimas y el Centro Nacional de Memoria Histórica, entre otros.

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