Editorial La Opinión: La Acción Comunal

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Algo muy preocupante tiene que estar ocurriendo, pues muchos líderes de la comunidad están amenazados de muerte. En 58 años de historia, quizás sea esta la época más crítica —por confusa y radicalizada— de la Acción Comunal, que este domingo tiene una jornada muy especial: la elección de nuevas juntas.

Y saber que muchas cosas poco claras se mueven bajo la mesa de votación le añade una dosis muy grande de intranquilidad y de expectativa por lo que las urnas dirán cuando las abran.

Y no es simple especulación basada en el temor de líderes amenazados por la mera razón de ser voceros populares, en episodios graves que nadie aclara. Por algo, organismos internacionales han tocado la campana de la alarma y declarado su determinación de estar pendientes de todo lo que ocurra el domingo en el país.

Algo muy preocupante tiene que estar ocurriendo, pues muchos líderes de la comunidad están amenazados de muerte, muchos ciudadanos han encontrado obstáculos para registrarse como electores y candidatos, mientras un clima tenso lo cobija todo, en medio de creciente rispidez en las relaciones de los vecinos.

Los rumores indican que como en casi todos los barrios hay víctimas de la guerra, y se especula con que habrá mucho dinero para los programas en busca de reafirmar la paz, muchas personas aspiran a ser directivos comunales, en la esperanza de poder administrar algunos recursos.

Pero ignoran que los recursos para los programas de posguerra no serán un premio de feria para quien tenga menos escrúpulos.

Como un diseño neocolonial para Asia y África luego de la Segunda Guerra Mundial, el movimiento de la Acción Comunal es una estrategia política destinada a promover la organización popular e impulsar procesos con discurso social sobre el trabajo voluntario dentro de y por la comunidad.

Pero, al menos en Cúcuta, ese espíritu del trabajo por la comunidad está mayormente perdido, desde hace ya muchos años, cuando los partidos políticos encaminaron a los líderes barriales por la senda del trabajo proselitista electoral.

Así, líderes comunales son vistos como apéndices de los partidos políticos, con las mismas virtudes pero, en especial, con los mismos vicios. Pero, por lo que se percibe, la situación va mucho más allá de la simple y, al menos en apariencia, inofensiva intromisión de los partidos políticos legales.

Le presencia de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la Organización de los Estados Americanos (Mapp/OEA) y su decisión expresa de “ayudar a garantizar los derechos de las víctimas del conflicto armado” en la elección del domingo.

En un comunicado diciente, Mapp/OEA le recomienda al Gobierno Nacional “adoptar medidas que garanticen la no injerencia de actores legales ni ilegales en dichos comicios”.

¿Será este comunicado una voz de alerta ante otros rumores relativos a la eventual injerencia de organismos políticos que siguen viendo a las víctimas de la guerra, a sus víctimas, como enemigos a los que hay que aniquilar?

Controlar las juntas comunales permite un excelente dominio territorial y tener una base popular disponible para eventuales necesidades electorales. Un presidente comunal sabe, con plena certeza, casi toda la información sobre las personas de su barrio, o de su pueblo, y si alguien controla varias juntas, tiene a la mano mucha información valiosa.

En momentos en que se agita políticamente el mecanismo de restitución de tierras despojadas, las juntas comunales pueden ser clave en que el proceso sea o no exitoso.

En lo que no hay discusión es en el papel que corresponde a las Juntas de Acción Comunal como actores centrales en la construcción de paz territorial. Así lo ven los organismos internacionales interesados en esta elección… y parece que así también lo ven los interesados en mantener viva la guerra.

Ojalá el domingo termine como el país lo espera y lo necesita…

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