“La paz no es una opción, es una obligación”: Jefe MAPP/OEA

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RMENENDEZ

Diario del Huila. Roberto Osvaldo Menéndez, jefe de la Misión de apoyo al proceso de paz en Colombia por la Organización de Estados Americanos (OEA), estuvo en Neiva en el foro “El Huila camina hacia la paz”, en donde habló de los retos en un periodo de posconflicto.

Con más de dos décadas de experiencia en la Organización de Estados Americanos, sobre todo en las áreas de gobernabilidad democrática, resolución de conflictos y apoyando el fortalecimiento institucional en países como Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Perú y Venezuela; Roberto Osvaldo Menéndez estuvo en Neiva hablando de los retos del país para un periodo de posconflicto.

En diálogo con DIARIO DEL HUILA, el jefe de la Misión de Apoyo dijo que la paz en el país no es una opción sino una obligación, un imperativo moral, con el fin de terminar con una tragedia que ha dejado millones de víctimas en el país.

En el departamento del Huila, región que ha sido fuertemente azotada por el conflicto, algunos son escépticos en que lo pactado en la Habana se cumpla, ¿usted considera que esto sí se va a dar?

Mi afirmación de que la paz viene en camino se da por un deseo profundo como latinoamericano, de ver un fin definitivo del conflicto. Segundo, porque existe una decisión firme y férrea tanto de la insurgencia de las FARC como del Gobierno de que este proceso culmine con la firma de los acuerdos y que la implementación sea adecuada, como todos esperamos.

¿Por qué señala que la paz es una obligación?

He mencionado que es una obligación porque la paz implica terminar una tragedia que ha llegado a más de 8 millones de víctimas, que ha destruido el tejido social, que ha minado la economía, que ha profundizado el aislamiento de los territorios y el sufrimiento económico y social de la gente.

Ante semejante perspectiva, la paz no solo es un derecho o una opción que tenemos cada uno de los habitantes, sino una obligación, un imperativo moral de involucrarse.

Entre los retos del posconflicto usted habla de simplificar el lenguaje. ¿En qué consiste esto?

Comunicar y comunicarse en la paz debe ser un ejercicio simple, práctico, que refleje no solo un discurso oficial o un discurso de una negociación política, sino un lenguaje que muestre el anhelo y el sentimiento de cada colombiano con su experiencia de sufrimiento. Por eso, hablar de paz debe requerir un lenguaje simple, práctico, incluyente, de las diferentes expresiones de esta sociedad.

¿Cómo empezar a construir la paz desde las regiones y generar mayor participación de las comunidades?

Efectivamente, lo ha dicho el presidente y los propios negociadores, que en la Habana se negocia un acuerdo y se firma un acuerdo. Para la implementación de estos acuerdos y otros problemas que son más amplios de los que abarcan en los acuerdos, se hará desde los territorios.

¿Cómo se logra esto? Una de las formas es involucrarse y ser parte de la construcción de paz. No puede haber paz imaginada en un escritorio, si no existe una paz imaginada por cada uno de los colombianos en los contextos en los cuales viven.

Usted que ha sido garante en distintos procesos de paz, ¿qué errores debe evitar Colombia de procesos de paz adelantados en otros países, en donde se ha recrudecido el conflicto?

Lo que debe hacer Colombia es contar con una información oportuna, transparente, clara y culturalmente apropiada para todos y cada uno de los habitantes. Lo segundo es la adecuación de un lenguaje que sea lo suficientemente abarcativo y claro para que la comunicación sea constructiva. El tercer punto es dar una posibilidad de participación efectiva y real a los territorios, a sus autoridades y a las diferentes formas organizativas de cada uno de estos territorios.

Uno de los déficits más marcados en otros procesos de algunos países latinoamericanos fue justamente la ausencia de una participación real de los territorios, libre y natural.

¿El aplazamiento de la firma de paz hizo perder la credibilidad de los colombianos en el proceso?

Nosotros siempre hemos insistido, entendiendo las urgencias y los tiempos políticos de todos los actores que negocian en La Habana, que no es conveniente colocar fechas. Estos son procesos complicados, difíciles, que intentan resolver parte, al menos importante, de problemas de cinco o seis décadas. Rápido no es lo mismo que apurado, aquí lo importante es lograr acuerdos sólidos, cumplibles y viables, que den posibilidad de cambios efectivos de las condiciones que han generado este conflicto.

Hace poco se empezaron negociaciones con la guerrilla del ELN. Una de las condiciones era que este grupo armado no volviera a secuestrar pero han mostrado que continúan realizando estas prácticas, ¿qué opinión le merece?

El secretario general de la OEA recientemente ha dicho con absoluta claridad que no es aceptable en la política ningún preso político, ni tampoco es admisible la detención ilegal e ilegítima de ninguna persona en las américas y eso abarca el secuestro provocado por los grupos insurgentes.

¿Estos actos disminuyen la credibilidad de los colombianos?

Hay altos niveles de desconocimiento de lo que realmente está ocurriendo en los dos procesos. Todavía hay niveles no deseables de desconfianza de la población, no solo en los grupos ilegales sino en el Estado mismo, recordemos que son territorios precisamente olvidados por el Estado. También hay un no deseable pesimismo en cuanto a los eventuales cambios que se puedan dar cuando se firmen los acuerdos. Estas cuestiones se resuelven con claridad, transparencia y con señales concretas de que estas negociaciones llegarán a buen camino.

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